Entrevista de Víctor M. Amela. Diario La Vanguardia. el 21 de Octubre de 2005 (C) La Vanguardia

 

Víctor M. Amela

 

 

LAVANGUARDIA.ES

 

BRIAN WEISS, PADRE DE LA TERAPIA REGRESIVA
“Yo no creía en la reencarnación, pero...”

 

Tiene 61 años y nació en Nueva York. Es doctor en Medicina y Psiquiatría, además de presidente honorario del departamento de Psiquiatría del Hospital Monte Sinaí de Miami. Es todo eso en esta vida. En la otra fue budista, islámico, hindú y católico.


Brian Weiss

 

-Yo no creía en la reencarnación. ¡No creía! Yo era un científico formado en Yale y en Columbia... Hasta que, cierto día de hace ya 25 años, entró Catherine en mi consulta psiquiátrica...

-¿Quién es Catherine?

 -Era una paciente. Venía a tratarse de sus neurosis y miedos. Y, para empezar su tratamiento, la guié en una sesión de hipnosis.

-¿En qué consiste eso?

-En inducir al paciente a una gran relajación muscular y respiratoria, para que su inconsciente aflore. Una técnica muy práctica.

-¿Qué pasó luego?

-La incité a recordar episodios de su infancia, periodo en el que suelen formarse nudos que generarán después conflictos psíquicos.

-¿Y encontró algún recuerdo revelador?

-Bueno, todo empezó cuando le pedí que se remontase a sus recuerdos más antiguos...

-¿Qué empezó?

 -Brotaron recuerdos de vivencias que no podían ser de su vida presente, muchos detalles sorprendentes... ¡de hace 4.000 años!

-Yo también he visto películas de egipcios.

-¡Yo también me mostré escéptico, claro! Igual de escéptico que la propia Catherine.

-¿Y qué recordó Catherine?

-Una espantosa inundación que anegó su pueblo y ahogó a todos: era en Creta, era el tsunami que provocó la explosión del volcán de la isla de Santorini, en el mar Egeo...

-Eso figura en los libros de historia.

-Lo interesante es que Catherine, cuando se presentó en mi consulta, padecía de fobia al agua, hasta tal punto que temía beber, que le costaba tragar agua: ¡temía ahogarse!

-¿Insinúa que la fobia presente de Catherine se originó en una vida pasada?

-Sí: a esa conclusión he llegado.

-¡Eso es una creencia, no es un hecho!

-A partir de ese recuerdo, los síntomas de Catherine empezaron a desaparecer. Y sanó.

-¿Vincula su sanación a un (presunto) recuerdo de una (supuesta) vida anterior?

-Por entonces yo estaba estupefacto con esta idea, la verdad. Pero hoy puedo afirmar que es así: ¡tengo documentada la curación de 4.000 pacientes míos mediante esta técnica! Terapia regresiva, la bauticé.

-¿De qué clase de curaciones se trata?

-Un ejemplo: un hombre que padecía fuertes dolores de espalda... se vio morir de un lanzazo en la espalda durante una batalla medieval. Esta experiencia regresiva le sanó...

-Pero, como científico, ¿puede demostrarme que yo he vivido otras vidas anteriores?

-Tu alma es inmortal: estuvo en otros cuerpos antes que en éste; y tras morir éste, el alma persistirá. Y podrá tener otro cuerpo...

-¡No recuerdo mis anteriores cuerpos!

-Puedes recordarlos. La memoria de tus pasadas vidas reposa en tu inconsciente: mediante ejercicios de relajación y cierta práctica, pueden emerger a tu conciencia.

-¿Todos de golpe?

-No. Brotan recuerdos de vidas pasadas significativos para ti ahora: recuerdos que te resultan terapéuticos en esta vida, recuerdos sanadores. Recuerdos que te guían y ayudan.

-Llama usted recuerdos a imágenes metafóricas elaboradas por la imaginación.

-Acepto que a veces sea así. Pero hay muchos casos que demuestran que estamos ante genuinos recuerdos...

-¡Me encantará escuchar esos casos!

-En una de sus regresiones, Catherine me contó cosas de mí... ¡que sólo yo sabía!: su alma contactó con un hijo mío ya fallecido... Eso me conmocionó mucho.

-Bueno, esto suena ya a puro espiritismo...

 -La energía del alma permanece en algún sitio: nada desaparece. Está en otra dimensión, pero es factible acceder a ella. No es nada raro: ¡los físicos ya hablan hoy de dimensiones paralelas, de “multiuniversos”!

-Bien... ¿Alguna otra demostración?

-La de Mary: de niñita dibujaba siempre planos de una ciudad concreta, con sus calles, cierta característica fachada de la iglesia, y un edificio con muchas ventanas. Mary creció, se casó, crió a dos hijos y, ya madura, quiso investigar su vieja fijación infantil.

-Y acudió a usted.

-En la regresión se vio como parturienta, con un marido golfo y pariendo al octavo de sus hijos. Se vio morir en ese parto y sintió la angustia por el porvenir de sus hijos: temió que el padre los abandonase en orfelinatos...

-¡Qué drama!

-Mary investigó: ¡localizó una ciudad cuyo plano coincidía con los que ella dibujaba de niña! La visitó: allí estaban la iglesia y el edificio de muchas ventanas: ¡un hospital!

-¿Murió en ese hospital la parturienta?

 -Consultó los registros: en 1920 murió allí una mujer en el parto de su octavo hijo...

-¿Era Mary en una vida anterior?

-Así lo sintió: se puso a buscar a sus hijos.

-¿Los encontró?

-Sí. Tal como temió al parirlos, el padre los dispersó en orfelinatos. Buscando mucho, Mary logró reunir a los que aún vivían, ya venerables ancianitos. Les anunció: “Son hermanos... ¡y yo soy su madre!”.

-La tomarían por loca, claro.

-¡No cuando ella comenzó a desgranar detalles de la niñez de cada uno! El ADN confirmó que sí eran hermanos...

 -No sé qué pensar...

-Un científico verdadero es el que, ante un fenómeno que escapa a sus parámetros, aparca prejuicios y se arroja a investigarlo.

-Pero esto suena tan raro, tan subjetivo...

-Una regresión te cambia la vida. Te hace perder el miedo a la muerte, y empiezas a vivir más contento. Ves que no eres tu cuerpo. Tú no eres un ser humano que tiene una experiencia espiritual: eres un ser espiritual que está teniendo una experiencia humana...

© La Vanguardia

(The New York Times Syndicate)